Como mencionado anteriormente, podemos elegir integrar a las cosas o personas que queramos de forma voluntaria en nuestros sueños. A quien sea que deseemos hacer aparecer en nuestro sueño, sea una persona viva o muerta aparecerá con un extraordinario detalle. Podríamos charlar con nuestros difuntos abuelos o pasar un rato con las mascotas que ya no están con nosotros. Nuestra mente puede también generar a Dios si lo deseamos y charlar con él. Cuando hablamos de hacer una entidad así presente en nuestro sueño lleva a un muy elevado nivel de espiritualidad y autoconocimiento. A este Dios, o realmente cualquier entidad que generemos, le podemos hacer pregubtas que resulten vitales para nosotros. Uno les puede hacer preguntas como: ¿Cómo será la mujer/hombre con quien me case? ¿A qué debería dedicarme yo para tener una vida próspera y feliz? ¿Qué me está haciendo sentir infeliz? ¿Cuál es mi propósito en esta existencia?
Lo que sea que te responda Dios, tu difunto abuelo o ser querido, lo más probable es que sea extraordinariamente acertivo y correcto. Esto es porque a pesar de que les estás interpretando como seres divinos o seres queridos, estas apariciones en tus sueños no son más que productos de tu mente, de la parte subconsciente. Por lo tanto no es literalmente una platica con Dios o un ser querido, sino una charla contigo mismo, con una parte se nosotros que no conocemos pero que ella a nosotros sí y muy bien. Es por eso que comunicarse con la mente subconsciente y hacerle ese tipo de preguntas es tan preciso, exacto y confiable, pues es uno mismo preguntándose a una parte más elevada de sí. Uno mismo es la mejor fuente de información para lo que uno mismo quiere saber. Me gusta relacionar esto con una frase que dice así: "No le preguntes a nadie que deberías hacer, pregúntatelo a ti mismo". Comunicandonos con nuestro subconsciente hacemos eso de la forma más literal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario